Para quienes pisábamos desde temprano el San Martín, era raro el no ver a muchos hinchas a las afueras, pensábamos que ya se habían olvidado de aquel compromiso de alentar a la celeste hasta el ultimo minuto de este clausura, nos decíamos quienes esperábamos ansiosos el poder entrar “qué paso con los hinchas”. Nos habíamos olvidado que las entradas se habían estado vendiendo desde el día viernes, con razón pocos hinchas a las afueras.
Adentro el panorama era casi el mismo, de a pocos se iban copando las tribunas, aunque algunos decían que no era el mismo ambiente de otros partidos, claro si faltaba el grupo musical y era lento el ingreso de los hinchas.
El sentimiento era el de todos los partidos, la fe y el saber que podría ser el ultimo encuentro de nuestro equipo en primera, hacia de ese estadio llenándose de a pocos algo lindo, ver como grandes y pequeños se pintaban los rostros, el como se llenaban las bolsas de pica pica, la gente inflando sus pirulines y agitando los brazos en las tribunas cantando y haciendo sentir la presencia de una hinchada, si señores la hinchada del Sporting Cristal, aquella que no abandona en los momentos difíciles.
Las distintas barras iban tomando sus posiciones: Extremo Celeste en popular, Fuerza Oriente en su vieja tribuna de oriente y la Vieja Guardia en la tribuna de occidente. Todos impacientes porque comience el encuentro, impacientes por recibir a la hinchada rival. Cánticos de aliento hacia el equipo bajopontino y otros hostiles hacia el rival, todo en una mezcla de algarabía y nervios.
Vamos que de a pocos se llenan las tribunas decían algunos, era de suponerse el hincha cervecero no abandonaría, ni se escondería tras un televisor, el “pueblo celeste” estaba allí presente en las tribunas, en las afueras del estadio, era hora de alentar y que el equipo haga su trabajo.
¿Qué pasa? El equipo no sale, la gente se impacientaba, el cuadro rival ya había salido al campo de juego y nuestra gloriosa celeste no hacia lo propio, pero seguíamos esperando, desde todas las tribunas se oía que salía el campeón y así fue. En medio de un estallido de alegría por parte de la hinchada salio nuestro tri campeón, papel picado era su fiel acompañante a un costado del gramado, en las tribunas llovían picapica y los pirulines, era hora que comience la fiesta en las tribunas.
El equipo sabia que necesitaba de nuestro apoyo como lo venia haciendo desde hace unos meses y respetuosos como siempre saludaba las tribunas llenas de celestes, posaban para la foto y todo listo para que ruede el balón.
Comenzó el partido con ganas de llevarse los tres puntos por parte de ambos equipos, las jugadas eran luchadas y era hasta asombroso ver a la velocidad que tenía el juego. Ambos estaban urgidos de los puntos, nosotros por mantener la categoría y los rosas por terminar el año con un triunfo ante nosotros que les haría terminar felices el año.
El Chorrillano con su buen toque de balón, enviaba los centros al área rival, muchas veces con una fuerte marca al igual que Lobatón quienes eran los “cerebros” de la escuadra del Rímac.
Adelante el luchador, aquel hombre que no da una pelota por perdida, claro Luís Bonnet, siempre inquietando la portería contraria, con una marca milimetrada pero tratando de anotar como sea. En todas las líneas estábamos al 100% de la capacidad y la motivación era grande, tanto así que el gol llega por intermedio de Miguel Villalta, “El Oso” de un certero cabezazo anotó y nos daba la ventaja antes de irnos al descanso.
Acabado el primer tiempo, los cantos de todas las tribunas era una sol “ EL LOCO NO SE VA”, en alusión al portero Erick Delgado, quien a principios de la semana pasada habían dicho miembros del club que no renovarían contrato con el, para poder así traer otro arquero (mala jugada para alguien que mata por la celeste) aunque a la hinchada esto le moleste.
El equipo se iba a los vestidores y los hinchas a esperar la segunda mitad del encuentro.
La segunda mitad no vario en mucho, ambos equipos querían ganar, uno ya lo hacia y el otro lo quería igualar en el marcador. Jugadas fuertes, otras sin trascendencia, pero el aliento en las tribunas era el mismo, la barra rival totalmente muda (siempre que pierden lo hacen) y sabiendo que nuestro “antagonista” por la baja estaba perdiendo, los rostros eran de felicidad en el estadio.
Hasta que llego lo temido, el gol del rival el cual fue en la ultima jugada del partido, las cosas que se le dijeron al arbitro, ya para que repetirlas. Lo importante es que se hizo respetar la casa, no perdimos la categoría, demostramos que somos un equipo grande, tanto institucionalmente y en hinchada. Aunque la culpa de esta mala campaña la tienen algunos dirigentes por no saber planificar bien las cosas, esto ya paso y quedara para el olvido.
Lo que no quedara para el olvido, es lo vivido en las tribunas y el amor que sentimos por la celeste, este amor no se compra, se siente en lo mas hondo de nuestro ser y quedo demostrado con hechos y no con palabras.
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